lunes, 30 de marzo de 2009

El día de la rata.


Como si mirar atrás fuera.
Fuera afuera.
Y afuera apenas queda algo.
Lo mismo que adentro.
Cronología de algo nunca sucedido.
Sincretismo de algo público. Que pide sangre. Más sangre de la que tus canales pueden dar.
Adelante no es mejor. Corpúsculos movedizos sedientos. Bailando la gran danza de la lluvia. Amagan, giran, se retuercen, amenazan, se acrecientan, evitan, escapan, ríen y evaporan.
Elevando el alma tal vez. Pero esas nubes no son buenas. “No toda nube negra es mala” escucho, pero claro, lo dice un calamar. El repiqueteo empieza y ahí sale. Corriendo tras la olla de oro. “¡Divertite!”, le grito. No escucha. Nunca escucha. A veces me hace acordar tanto a…no importa. Me hace acordar tanto.
Bajemos entonces. Aprovechemos la humedad de la tierra agujereada por las lombrices. Esquivando las raíces seguro llegamos.
¿Seguro?
No dejan de confundirme. Borran rastros, crean nuevos. Maldita prisión. Esa torta venia sin alicate.
Dicotomía. Contradicción. Deseo irresoluto. ¡Demasiada responsabilidad! Nademos hasta la napa mas profunda. Donde no llega el cantante senil. ¡Probemos! ¡Dale, probemos!
A ver, probemos muertos.

German Alfaro.

domingo, 8 de marzo de 2009

La Máquina.



Muéstrame los dientes, tu peor momento fatay! Muchas cunas te alojaron, muchos brazos te soltaron, las fotos fueron y vinieron, y la constante visión que trauma el cráneo que adorna tu pelo y peina las pestañas, en su parpadeo ventilan la mirada profunda de unos ojos con mella sin rendición.
La luz de millones de tormentas trata de opacar la luminosidad facial, pero continúa adelante, como si detenerse fuera la expresión de la última esperanza.
Raudos vehículos la llevan, pero realmente ¿la transportan donde quiere ir? Ni ella lo sabe. Y los faroles alumbran el camino, un camino que las alas amarillas recorren en su inmediatez.
El combustible que corre por sus tuberías no le evita ser alcanzada por los bacilos de los pensamientos sin destino que despedazan un cuadro pintado a la perfección por sus constructores, pero que no resisten el menor atisbo de atención.
Cual reloj solar, el mediodía marca la hora de la traslación. Y la búsqueda de alimento se transforma en un ritual al que peligrosamente le escapa cualquier mortal. Efluvios, cercanías, testigos, prejuicios….son tantos los peligros que la acechan, que la doncella bailarina, danzando escapa!
Un cometa marca la hora de terminar, y sin mirar atrás, sin arrepentimientos y sin remedio, es hora de otros universos por descubrir, de otras galaxias por asombrar, y de otros humanos que albergar………
German Alfaro.